Un mal ejemplo: Quieto se está mucho peor

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Recuerdo el nombre del restaurante: I. Recuerdo dónde estaba: en la calle Barquillo de Madrid. Recuerdo que el maître había trabajado antes con Abraham García, en Viridiana. Recuerdo que la cocina era muy buena, el servicio excelente..pero no fue suficiente. El restaurante cerró, entre otras cosas por la inacción.

El restaurante era grande y supongo que los gastos de alquiler y personal eran demasiados para la cantidad de clientes que nos acercábamos gustosamente por allí. Los gestores del restaurante confiaban en que hacer un buen producto sería suficiente para que el boca oreja hiciera todo lo demás..Pero no fue así.

Me fue dando la impresión que aquello no era sostenible y pregunté que qué es lo que estaban haciendo para solventar lo que a todas luces era un gran problema. “Nos estamos anunciando en algunas guías” me contestaron. “Está bien, pero no será suficiente”, les dije.

Les sometí a un tercer grado «¿Sabéis quiénes son los clientes que deberían venir y no vienen? » Pregunté. Me miraron extrañados. Les ayudé: “Los directivos de las empresas que os rodean: Telefónica, Prisa y otras muchas empresas.Sólo entre esas dos tienen a cientos de directivos que comen todos los días fuera de casa«. Se encogieron de hombros.

Tenéis un buen concepto,un buen restaurante, precios razonables, pero quienes reservan los restaurantes para sus jefes no lo saben. Salid a vender vuestro restaurante, buscad maneras de entrar en contacto con las secretarias, caedlas bien y conseguiréis que muchos de sus jefes vengan” Prefirieron esperar . Estarse quieto es mucho peor.

Foto: © KoMa – Fotolia.com

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