El packaging comestible es la última moda de los envases 

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Adrián Fernández / Madrid 

El plástico es un grave problema medioambiental. A pesar de su bajo coste y durabilidad, su difícil reciclaje provoca un alto impacto medioambiental negativo. Por eso, cada vez es más común encontrar nuevos envases que respeten el planeta. 

Los envases comestibles son una alternativa que está de moda y que se ciñen más a un modelo de economía circular. Platos, cubiertos o botellas que se comen o bolsas que se beben son ya una tendencia de packaging en hostelería. 

Además, el packaging comestible es una forma original y divertida de envolver los alimentos, y a la vez, será algo que sorprenderá a los clientes. Es más, según datos de Transparency Market Research, su demanda crecerá al año casi un 7% hasta 2024 y podría convertirse en un sector valorado en casi 2 mil millones de dólares. 

En el mundo hostelero el volumen de desperdicios es superior a lo que se genera a nivel domestico. Las nuevas normativas europeas abogan por políticas más ecológicas para que éste sector reduzca su huelle de carbono. 

Recuerda que el packaging ya no es un simple envase de alimentos sino que se ha convertido en una de las mejores herramientas de marketing. Es el propio envase es el que invita al consumidor a comprar uno u producto o repetir su experiencia con un restaurante. 

Ventajas de usar este packaging en hostelería 

Algunos de sus ventajas son: 

  • Facilidad de almacenamiento y distribución.
  • Los alimentos no pierdan su sabor o texturas.
  • Forma original de sorprender al cliente. 
  • Mejor conservación del medio ambiente, reduciendo la huella de carbono. 
  • Lanza un mensaje claro a los consumidores para llevar un consumo responsable.

Ejemplos de empresas que elaboran envases comestibles 

Existen diversos ejemplos de empresas muy interesantes de packaging comestible. Como es el caso de Biotrem. Se trata de una empresa con varios años de historia que crean platos y cubiertos biodegradables fabricados con salvado de trigo y que se descomponen orgánicamente en 30 días. 

Otro ejemplo lo encontramos en Cupffe, una empresa búlgara que ha diseñado envases comestibles para alimentos elaborados con cereales que aguantan temperaturas de hasta 85 grados y no alteran el sabor de los platos. 

Por último, no podemos olvidarnos de la empresa española Gloop, que elaboran cucharas o pajitas se pueden comer nada más terminar de comer y están formadas de materiales orgánicos.

“Lo que buscamos en Gloop, es alargar la experiencia del consumidor. Por ejemplo en la cuchara para los helados, buscamos que el cliente se como la cuchara como si fuera una galleta y así terminar una experiencia placentera y más larga” nos contaban para Barra de ideas. 

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