Del fast al slow: así evoluciona el delivery 

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Es indiscutible como el delivery cada día gana más adeptos. Una tendencia que se venía fraguando desde antes de la pandemia y que tras la Covid-19 pego un acelerón considerable. Según un informe de Delactatech, antes de marzo de 2020, solo un 11% de los hosteleros apostaba por su servicio. Justo un año después, en 2021, esa cifra se elevó al 30%. 

El mercado de la comida a domicilio seguirá creciendo en los próximos años. Tal y como recoge Just Eat en su informe anual se espera que este sector, en los próximos cinco años, alcance algo más de 1.600 millones de euros de facturación. 

El delivery siempre se ha relacionado a la urgencia y la inmediatez por entregar el servicio de comedia lo antes posible. Sin embargo, este sector también evoluciona en consonancia con las ambiciones y necesidades de los clientes. 

Slow delivery: respetando los tiempos 

Ha nacido un movimiento con un nuevo concepto que dará que hablar mucho en los próximos meses. Estamos hablando del slow delivery, es decir, realizar entregas de comida a domicilio valorando más la calidad, la sostenibilidad o su forma de cocinarla frente a la urgencia y la rapidez. 

El delivery siempre se ha relacionado a la urgencia y la inmediatez por entregar el servicio de comedia lo antes posible. Sin embargo, este sector también evoluciona en consonancia con las ambiciones y necesidades de los clientes.

La etiqueta slow, es decir lentitud, tiene mucha repercusión en otros ámbitos de la sociedad. De sobra son conocidos el slow cinema, la slow education o las slow cities, tal y como explica el periodista Miquel Echarri en El Pais. Sin embargo, el mundo hostelero, acostumbrado siempre a las prisas, empieza a introducirse en un mundo algo desconocido para él. 

Manel Morillo, colaborador de Barra de ideas, opinaba en esta misma web, que el slow delivery “es una opción más. Ya hace años que las agregadoras hacen pruebas en su algoritmo para cobrar más caras las entregas urgentes y más baratas las estándar. Es sentido común, el envío a domicilio de cualquier producto tiene un precio que el usuario debe pagar y las entregas urgentes siempre son más caras. Si, como usuario, no quiero pagar un precio adicional, debo tener paciencia y esperar un poco más”. 

Realmente, esta nueva modalidad, persigue generar una mayor sostenibilidad a la hora de enviar los pedidos ya que aquellas personas que elaboran los pedidos tienen más tiempo para organizarse y cocinar un producto de alta calidad. A pesar de ser más lentas, son entregas más eficaces por que dan mayor margen a la organización a toda la cadena de valor.  

Una nueva tendencia en delivery 

Antonio Iglesias, experto en logística y cadena de suministro y profesor en la escuela de negocios ESIC asegura en el periódico digital Momento Financiero, que “el slow delivery es una tendencia muy firme y que va a seguir cogiendo tracción, por mucho que las expectativas de gran parte de los clientes presionen en sentido contrario”.

Lectura recomendada: Cuatro apuntes sobre el futuro del Food Delivery

Es indiscutible que los seguidores de esta nueva filosofía cada día serán más. Todo ello, sin duda, ante una estrategia, la del slow delivery, que es insostenible en el tiempo y que, en ciertas ocasiones, encarece los costes y afecta de forma profunda medio ambiente.

Uno de los referentes del slow food en nuestro país es el restaurantes Rasoterra de Barcelona, miembro de Slow Food Barcelona. En el siguiente vídeo que hemos rescatado nos hablan sobre esta tendencia en restauración.

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