Cómo afecta la gentrificación a la hostelería

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El término gentrificación ya no sorprende a nadie. Aquel que el diccionario define como “proceso de renovación de una zona urbana, generalmente popular o deteriorada, que implica el desplazamiento de su población original por parte de otra de un mayor poder adquisitivo” se ha normalizado. Y lo ha hecho tanto como la saturación turística de las ciudades españolas tras la pandemia. Lo uno va con lo otro. Se retroalimenta. De hecho, el término de gentrificación turística suena cada vez con más fuerza.

Pero ¿cómo afecta la gentrificación a la hostelería en temporada alta? Podría pensarse que la masificación turística es buena para el sector. Que ese proceso de renovación en determinados barrios sin duda resultan beneficiosos. No siempre es así. A veces, no es oro todo lo que reluce.

La proliferación de los pisos turísticos y de inmuebles de alto valor aumenta la presión sobre los barrios. Y estos se transforman para cubrir las necesidades de un nuevo tipo de inquilino y consumidor. Esta tendencia arrastra ciertas consecuencias, no especialmente positivas, también para la hostelería.

Nos referimos a esas largas colas, a veces de una hora, para entrar en un bar. O a la imposibilidad de encontrar dónde picar algo si no se ha reservado con días de antelación. Pero también a otros problemas más profundos y de carácter estructural.

Desventajas de la gentrificación turística para el sector

Entre las desventajas propias de la gentrificación turística para el sector, encontramos cinco. Se trata de aspectos sobre los que muchos profesionales están llamando últimamente la atención:

La desaparición de restaurantes, bares y cafeterías familiares en favor de franquicias

Este es un hecho que pone en peligro el tejido empresarial sustentado por las pymes. Que además amenaza los locales más tradicionales, incapaces de hacer frente al incremento de los alquileres. Y que estandariza los servicios de restauración aquí y en toda Europa. Es decir, encontramos la misma hamburguesería en el centro de Madrid y en París. Se pierde la esencia propia y singular de los lugares.

La centralización del consumo

La mayor parte de los nuevos locales de restauración se posicionan para brindar un servicio muy enfocado a ese nuevo target. Normalmente se trata de turistas o personas de alto nivel adquisitivo que, incluso, solo habitan en dichas viviendas por temporadas o solo acuden a ellas para dormir. El resultado: es muy fácil encontrar donde cenar o tomar una copa, pero muy difícil comer un menú del día o desayunar. Se pierde diversidad en el servicio.

La dificultad de encontrar talento

Si la vida se desplaza a la periferia, y nos referimos a las familias y vecinos de a pie, porque existe una gran dificultad de acceso a la vivienda, el talento también. Así que, los establecimientos de las zonas centrificadas turísticamente, normalmente en el centro de las ciudades, deben hacer un esfuerzo mayor para atraer profesionales cualificados desde barrios o municipio remotos. Y ese esfuerzo a veces resulta muy costoso cuando, además, encontramos una notable falta de recursos humanos.

Hipersensibilidad a factores externos

Las zonas turísticas masificadas tienen un hándicap, y es que son altamente sensibles a los vaivenes socioeconómicos o políticos. Una amenaza, una huelga de transporte, un proceso de inflación creciente… Son alteraciones de la vida que colocan a los locales de estos barrios en una situación de especial vulnerabilidad. Especialmente por haber perdido esa masa crítica de ciudadanía constante, asentada y arraigada en la zona.

Estacionalización de la demanda

Las diferencias entre las temporadas bajas y altas son cada vez mayores. Esto provoca un desequilibrio que a menudo precisa de altas dosis de flexibilización en el servicio. Y esta última afecta a los talentos humanos, que padecen las consecuencias de la contratación temporal.

Dicho esto, son muchos los retos que ha de asumir el sector. Al menos si desea capear los desajustes producidos por la gentrificación y garantizar su futuro, sostenibilidad y estabilidad económica. 



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